Antonio Blázquez

Nacido en Fuentecarreteros (Córdoba) Antonio Blázquez  estudió Bellas Artes en la Universidad de Seville. Desde entonces, ha combinado su trabajo artístico con una intensa y dinámica actividad como promotor cultural que le ha llevado a participar en la creación y gestión varios importantes proyectos como entre otros Scarpia (Festival de Intervención Artística en el entorno rural y urbano en El Carpio, Córdoba) y El Arsenal (Espacio de creacion artistica y promoción cultural basado en la gestión colaborativa).

El trabajo de Antonio es una incensante busqueda e interrogación de su propia identidad, del universo que le rodea y del que se nutre. Su trabajo se convierte en una expresión directa de su relación con la realidad que le lleva a jugar con la multidisciplinariedad, saltando de la pintura a la fotografía, de la performance a la interveción urbana.

Santos persigue la retomar una antiquísima tradición que se repite cada año en los pueblos del sur de España: «el encalao», pintar de blanco o con cal cubrir los muros de las casas evitando el calor implacable. Cuando comienza a marcharse el invierno, los vecinos se preparan para este ritual: pinceles, brochas, cubos, escalera, gorro de paja y guantes, que la cal pica… cuando por accidente un espacio queda sin pintar, éste se llama «santo». La piel de las casas como nuestras propias pieles, cambian bajo el sol del implacable sol veraniego. Antonio usa esta técnica para construir un nuevo concepto: dejando partes del muro sin encalar crea una forma diferente de «encalao» que recuerda la antigua tradición pero con una perspectiva muy contemporánea.

Llegó a la residencia sin una idea previa, buscando la inspiración mientras buscaba el espacio idóneo para desarrollar el proyecto. Durante la búsqueda descubrió que este año era un momento muy especial para la gente del pueblo: la Virgen de Escardiel venía al pueblo desde su ermita. Cada lustro esta imagen venerada es traída al pueblo y literalmente visita cada casa para bendecir con su presencia a cada paisano del pueblo. Fue entonces cuando Antonio entendió que ésta tradición sería el motivo perfecto para continuar con su proyecto Santos.

Durante el proceso la gente del pueblo interactuó con el artista ayudándole en cuanto puediera necesitar: le trajeron agua fresca para soportar el caluroso verano andaluz,le preguntaron acerca de lo que estaba pintando, le hablaron del fallecido propietario de la casa en que se hizo la intervención, alguien incluso le regaló postales de la virgen… el proceso se convirtió así de alguna forma en una especie de «happening» que increiblemente acabó con la imagen misma de la virgen visitando la intervención de Antonio. Un espontáneo circulo y perfecto se cerraba sólo.

 

 

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